Después de un periodo de preparación (para los cristianos) como es el adviento, llega el ansiado día en que nace Jesús.Durante las 4 semanas anteriores a este gran día, hemos tenido un tiempo de reflexión y de cambio. Tratando de limpiar el corazón de todo aquello que no permite que Dios nazca en nosotros, vivimos el adviento con diferentes propósitos cada semana: en el primer domingo se nos pedía estar atentos. En el segundo preparar el camino. En el tercer domingo que estemos alegres y ya en el último que digamos, al igual que María, SÍ a ese niño que nace.
La verdad es que como cristianos tenemos el deber y la fortuna de reflexionar sobre nuestra actitud, nuestro modo de vivir, nuestras prioridades y sobre todo sobre nosotros mismo y lo que nos mueve. Y aunque siempre es buen momento para hacerlo, los tiempos litúrgicos nos ayudan a poner más atención y no olvidarlo.

De una u otra forma tratamos de prepararnos para la noche en que nace ese hombre que cambió la Historia y que guía nuestra Fe. Muchas veces es difícil salir de la rutina...sobre todo en estas fechas en que todo es publicidad y consumismo...nos agobiamos por regalos, fiestas, planes, cenas...pero olvidamos lo importante: Jesús nace pobre y desde su pobreza ofrece al mundo esperanza y vida nueva.
No podemos quedarnos sólo en las luces de colores y los regalos muchas veces suntuarios, no digo que no se deba aprovechar de regalar o de compartir, pero si podemos encontrar un sentido más profundo a este día. A pesar de nuestras carencias, siempre podemos entregar lo mejor de nosotros a los demás, la bondad y la alegria son dones que deben relucir en Navidad.
Personalmente, he vivido un adviento dificil, en el que luchando contra la falta de tiempo, los exámenes, la pereza y el miedo a enfrentarme a mi misma, he intentado cambiar e iluminar todo aquello que no permite que la sencillez de Jesús habite en mí. Reconozco que la oración no me acompaña (o yo no le acompaño)...que el sueño me vence, el pesimismo me agobia y la solidaridad escasea. Pero confío en que mi necesidad de cambio, mi anhelo de mejorar y de ser más sencilla será cubierta tarde o temprano... las cosas de Dios no son como las nuestras,...tiene otros tiempos y otra formas de actuar. Sólo me queda esforzarme y dejarme llevar por las buenas intenciones, por todo eso que nos hace más humanos.

2 comentarios:
"Por todo eso que nos hace más humanos"... me gusta, Gabriela. Dios se hace Hombre para nosotros, Dios se hace Niño. Es todo tan sencillo y a la vez tan difícil. Muchas veces nosotros lo complicamos, yo en eso también soy experto. Al leer tu frase me he acordado de una enseñanza que tengo que seguir rumiando para vivirla de verdad:"lo más divino es siempre lo más humano", es decir que aquello que más nos acerca a Dios es lo más humano (la paz, el amor, la alegría...), lo que nos hace crecer como personas.
Nunca me ha gustado dar sermones, espero no haberlo hecho contigo.
También te remito al comentario que le he hecho a Viridiana en su blog por si te ayuda en algo.
Termino el comentario con una frase del Padre Arrupe, que quizá sea mi favorita: "yo sólo soy un pobre hombre, que lo único que intenta es estropear la obra de Dios lo menos posible".
Que el Señor que acaba de nacer te bendiga y te regale su Paz y su Alegría. Y muchas gracias
super lindo mi niña!!! =) feliz añoooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! te kieroooo muchísisiimo! Te deseo mil cosas hermosas ya lo sabes.... nos vemos pronto! un besito
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